viernes, junio 06, 2008

Ejemplo de vida

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Hace menos de veinte, pero al menos, quince años, mi amigo Eduardo y yo, aparentemente, perdíamos el tiempo.

Yo había abandonado mi primera carrera universitaria y otro tanto había hecho él.

Como condena divina por nuestro atrevimiento, debíamos escuchar a su insistente madre exponiendo las virtudes de una temprana y ortodoxa decisión vocacional.

Como con toda persona insistente, sus discursos recorrían los mismos y gastados lugares. Tanto los recorrían que creo que a sus palabras se les salía la pintura.

De todos modos, aún en jirones, gastadas, sus palabras, creo, producían algo de incertidumbre.

Esa incertidumbre era avivada por alabanzas a un vecino de mi amigo:

El muchacho tenía, más o menos, nuestra edad pero gozaba de la adoración de sus padres.

Tenía el cabello corto, estaba bien afeitado y anteojos. Hasta allí los rasgos de pulcritud.

La camisa a cuadros y el pantalón subido por encima del ombligo nos brindaban la tranquilizadora sospecha de que, en el fondo, sobre todo por la camisa a cuadros, este tipo era un idiota.

A pesar de ello, la madre de Eduardo siempre auguraba a ese papanatas un destino de grandeza y, ¿qué cosa es la grandeza para una madre judía tradicionalista si no es un hijo médico?

La última vez que lo vimos, entonces, se iba a comer, con sus padres, un sábado a la noche, a un tenedor libre chino kosher y lo dejamos ir convencidos de que no constituía ejemplo a emular.

Hace algunos días todas mis creencias fueron puestas a prueba.

Por cuestiones laborales tuve que visitar un hospital en el viejo barrio de Eduardo y, cuando salí, decidí comer un sandwich en un kiosco cercano.

Mientras esperaba que el gerente del establecimiento, friera mi milanesa algo inesperado sucedió:

Veo a este sujeto parado en la puerta del kiosco. Sonriente, contento. Portando su clásico gesto lobotomizado.

Repentinamente mi sentido común hizo una conexión: "La madre de Eduardo tenía razón, este tipo ahora es médico y yo sigo extraviado en la existencia".

Pobre mente mía. Hay que entender que tenía la panza vacía y que estaba a diez metros de un hospital. ¿Qué otra cosa iba a hacer este clon de Bill Gates con camisa a cuadros si no era salvar a niños moribundos?

Pero algo no funcionaba.

El tipo sonreía desde la puerta pero no entraba al local.

Todo me lo iba a revelar el sandwich de milanesa.

Cuando el titular de la firma me entregó mi refuerzo caminé hacia la puerta dispuesto a sentarme en una de las tres pequeñas mesas con las que contaba el establecimiento y, fue entonces que entendí.

El ejemplo de vida no entraba al local porque arrastraba un changuito de los de antaño en el que llevaba vasos de papel, sorbetes y otros elementos descartables que iba ofreciendo de puerta en puerta y, dadas las dimensiones del local, el ingreso de su pequeña carga habría desalojado a toda la clientela, lo cual ya no era un problema para mí ni para mi emparedado pero sí para el kiosquero.

No es que la venta ambulante de sorbetes sea indigna. Sin dudas, su valor moral lo coloca a eones de digamos, un gerente de un pool sojero.

Pero... ¿dónde quedó el fulgurante futuro? ¿Dónde esta el premio por adaptarse?

No lo sé.

Esa vez algo no era como me dijeron.

Y así termina la historia. Con un final un poco triste. ¿Qué esperaban?

Etiquetas de Technorati: Eduardo,ejemplo,vida,médico,hospital,milanesa

4 comments:

Anónimo dijo...

pero... el flaco terminó la carrera o no?

MaxD dijo...

Es una buena pregunta y no tanto, la confirmación de ese dato solo exageraría lo dramático de la historia. Al parecer, hiciera lo que hiciese, el pibe iba a terminar arrastrando el changuito con los cafés. Tal vez por falta de determinación propia en elegir una carrera más afín a su "vocación", y no a la que su madre quería. Tal vez, como diría Bourdieu (me levanté muy sociológico hoy) por carecer del capital social y cultural (ya que el económico probablemente sí lo tuviera, porque para estudiar medicina hay que tener un mínimo de guita) necesario para entrar en el círculo social adecuado para ser Médico (aún habiéndose recibido). Tal vez porque desde hace más de 30 años en Argentina no hay (ni esperanza de) movilidad social ascendente, sino más bien descendente. O por todo eso.

Me hicieron ruido las palabras de la madre de Edu ("sus discursos recorrían los mismos y gastados lugares. Tanto los recorrían que creo que a sus palabras se les salía la pintura", brillante). Pensaba en mi suegra: docente exigente, fuera de época, y autojubilada ("me di cuenta que el sistema educativo actual ya no me necesita, más bien lo estorbo") del mejor colegio de Bariloche por no bancarse que el papá juez de un alumnito rico triste le pusiera un recurso de amparo por haber reprobado literatura como cuarta materia previa (lo que provocó un escándalo y un parche institucional para que el pibe pudiera seguir en otro colegio sin repetir). Ella sigue machacando con que el problema es la falta de educación.
Pienso en mi madre, aunque más moderna, psicóloga ella, pero jubilada prematuramente de facto por la crisis económica y sin entender un pomo cómo pudo pasarle eso cuando en los 80s no daba a basto con el trabajo.
Pienso en mi viejo, ya fallecido, que me enseñó su oficio y el orgullo por el valor del trabajo.
Hay una flor de brecha generacional, me inquieta pensar cómo afrontaremos la nuestra con nuestros hijos, si entenderemos los códigos de dentro de 15/20 años (o los de ahora, bah).

F. Fabian dijo...

Anduve un tiempo hablandole con "palabras despintadas" sobre lo importante que seria que mi hijo tome alguna carrera universitaria. Y el tipo se iba con la guitarrita a ensayar con los amigos. Yo volvia a intentarlo pero ya preguntandome cuan importante era para MI que el pibe estudiara algo, tal vez mas que para el. Paso el tiempo la guitarrita siguio y sus convicciones fueron mas fuertes que las mias. Hoy esta feliz con lo que hace..y yo tambien.
Aguante "Libertinos."..

MaxD dijo...

Si es rocanrol me la banco y lo estimulo, si sale facho me tendré que poner bien firme con que mejor agarre la guitarrita.