viernes, marzo 06, 2009

Trabajo, castigo de Dios.

Hoy, conversando con un amigo acerca de lo complicado que es tener empleados surgió un interrogante:
¿No será que los empleados de uno están enojados, a veces, porque uno es el ejecutor de ese castigo divino impuesto a los hombres por morder una manzanita?
Puesto en esos términos sería muy comprensible que un dependiente deteste a su empleador aún cuando ninguna de las condiciones del contrato de trabajo se encuentre incumplida. En este estado de las cosas, todo trabajador podría sentirse agraviado por su patrón por el hecho mismo de la relación de dependencia. Una relación sustentada en un valor que se asume de manera axiomática: "ganarás el pan con el sudor de tu frente". Valor que ha sido dispuesto por el dios judeo cristiano, quién probablemente ha puesto a los empresarios protestantes en la sagrada misión de sostener dicha verdad sin discusión.
¿Dónde queda en el mundo entonces la libertad de conciencia? ¿Y si mi dios me ha dicho que me rasque la panza hasta que la friccion encienda las llamas de un acogedor infierno en el que ficharán los infieles?
No lo sé... pero si el trabajo es un sacramento, tal vez, yo, prefiera las medialunas.

3 comments:

MaxD dijo...

Me puse a pensar las veces que estuve enojado con mi empleador y sinceramente me cuesta creer que vos pudieras hacerme algo así, menos aún siendo mi amigo y visitando mi blog tan seguido. Hay veces que la alienación nos hace perder la cordura, resultando peor efecto que con una manzana envenenada. Perdón, he pecado.

F. Fabian dijo...

Bueno, bienvenido. Ademas me alegra tanto Depeche...Ya sale uno nuevo...
Empiezo a leerte.
Saludos.

Euphoria dijo...

Creo que se trata de una relación que tiene que ser de una determinada forma por simple inercia o naturaleza.
En mi caso particular, he tenido muy buenas relaciones con casi todos mis empleadores. No soy una empleada para nada problemática. Si he dejado algún trabajo era más bien porque no me gustaba lo que hacía o porque me he tenido que mudar. Lo importante es que las cosas estén claras y si algún día me toca ser empleadora sé que debo poner límites y al mismo tiempo entablar un lazo de confianza. No debe ser tarea fácil, pero tampoco debe ser imposible.